¿Realmente escucha Dios nuestras oraciones?

La pregunta de cualquier persona con un mínimo de duda en su corazón es: ¿Realmente escucha Dios nuestras oraciones? Porque la mayor inquietud en el corazón humano es saberse escuchado, es saberse entendido.

¿Para qué oramos?

Antes de siquiera recibir una señal de respuesta, estamos más interesados en saber y sentir que hemos sido oídos, que cuando hablamos hubo alguien del otro lado prestando atención, y que ese alguien además, es la persona correcta para escuchar nuestra petición o nuestro clamor.

Igual que los visitantes diarios de un instituto u organismo público del Estado, cuando deben realizar algún tipo de trámite y se enfrentan a un funcionario ya sea en la taquilla, ventanilla o escritorio para contarles su caso y la esperanza que albergan en su interior es: ¡Por favor, escucha lo que digo y entiéndelo!

Porque es cuando tenemos la certeza de haber sido realmente escuchados que podemos sentir que también nos entendieron y si eso ocurre, entonces debemos estar un paso más cerca de obtener lo que deseamos, o de llegar a donde queremos.

En tal sentido, los extremos de una conversación donde una de las partes no puede ser vista ni mucho menos oída (al menos no, en su forma original) genera dudas y ansiedad sobre sí nuestra solicitud de ayuda por ejemplo, ha sido tanto oída como respondida.

La Oración

Hablar con Dios, esto es orar, es descrito por muchos como un arte, mientras que otros lo perciben como una práctica técnica que se alcanza a dominar con la experiencia y el tiempo. En cualquier caso, el resultado que se persigue es el mismo: queremos ser oídos y queremos una respuesta.

Pero con Dios, las “respuestas” no siempre llegan a la hora que queremos ni de un modo en que parezca que lo entendemos. De hecho, la parte que activa la duda es el Silencio.

En el siguiente artículo escrito para predicasbiblicas.com te invito a que leas y conozcas acerca de los Silencios de Dios y por qué en lugar de afligirnos por ellos debemos sentirnos optimistas. Si te atreves y le das una oportunidad, asegúrate de compartirlo con otra persona que lo necesite tanto como tú.

Puedes leer la predica completa en el siguiente enlace…

La mejor predicación se hace con el ejemplo

Se puede decir muchas cosas con la boca. Discursos enteros pueden salir de nuestros labios magistralmente, sin embargo, la mejor predicación es la que se da con el ejemplo.

La Expectativa

Construir una reputación respetable lleva tiempo, esfuerzo y dedicación, pero toma unos pocos segundos acabar con ella, sobretodo si se es una persona imprudente e insensata. En la vida de un cristiano, esta verdad nunca fue más evidente.

Hablar de santidad, de moral, de principios y valores es lo que el común de las personas está acostumbrada a escuchar de parte de aquellos que se identifican como “Hijos de Dios”, más aún, lo que exigen y demandan ver en su accionar diario.

La Realidad

De modo que cuando aquello que se predicó vivazmente desde un pulpito o altar no se corresponde con la realidad, entonces los reclamos, desaprobaciones, críticas y sobretodo, juicios condenatorios llegan como avalancha, no solo contra la tal persona que pecó de mentirosa e hipócrita, sino sobre su fe, su familia, su iglesia y peor que todo ello, su Dios.

Al momento de llevar la contraria al discurso ofrecido en público, el primero que carga con el dedo acusador es Dios, porque Su Nombre y Sus enseñanzas fueron la bandera invocada por la persona que luego estafó esa lección y no honró la dignidad de pertenecer a la familia de la fe.

El Fundamento

En este artículo quiero invitarte a que leas más de cerca lo que esta predicación para predicasbiblicas.com me permitió poner de manifiesto. Antes de juzgar a Dios, Su Palabra y Su Iglesia conoce lo que la misma Palabra de Dios demanda de todos y cada uno de nosotros en lo que a conducta y actitud se refiere.

Puedes leer la predica completa en el siguiente enlace…

La obediencia que agrada a Dios

Con frecuencia estigmatizamos la idea de que la obediencia que agrada a Dios es aquella que implica forzosamente una rigurosa conducta que supere la rigidez de la milicia y reprima toda emoción humana.

Nos han vendido el concepto de que obediencia es igual a carencia de voluntad y subordinación incuestionable a una autoridad superior. ¿Estamos de acuerdo con esa afirmación?

El siguiente artículo parte de una predicación que redacté para predicasbiblicas.com en la que abordo el tema de la obediencia a Dios desde una perspectiva poco convencional.

Por lo general, la imagen que viene a nuestra mente cuando oímos hablar de Obediencia es la de un Maestro severo de escuela, un militar de alto rango, un padre estricto, o un jefe bravucón, pero ¿a cuántos de nosotros se nos ocurriría pensar en un animal, como el burro por ejemplo, para aprender de este tema?

Lo cierto es que nada en la creación de Dios fue hecho por casualidad ni carece de valor. Desde el ser viviente más pequeño hasta el mamífero más desarrollado o la naturaleza más deslumbrante, todo cuanto Dios creó tuvo y sigue teniendo un propósito.

De las criaturas que habitan la Tierra, se destaca que aquellas que parecen más pequeñas o inofensivas, son de hecho las más fuertes, sabias, y capaces. Ejemplo tenemos en los virus y las bacterias, son visibles a nivel microscópico pero la vida toda en el planeta depende de ellos en cierta medida y cuando se descontrolan, pueden llegar a ser mortales.

Así que, date la oportunidad de aprender la lección o el consejo que el burro tiene para dar. Te sorprenderá gratamente lo que Dios puede enseñarnos a través de este subestimado mamífero.

Te invito a dar clic en el siguiente enlace para leer la predica completa.